La iglesia gótico-mudéjar de San Pedro, en Teruel

Una manera inolvidable de celebrar San Valentín es hacer las maletas y poner rumbo a una de esas ciudades donde el amor se vive con una intensidad especial: París, Venecia o Kioto son algunas propuestas para preparar el viaje más romántico del año.

París es un clásico que jamás pasará de moda, una ciudad con una luz única, que destila sofisticación y romanticismo, mucho romanticismo. Su monumento más emblemático es la Torre Eiffel, desde cuya cima se pueden contemplar unas impresionantes vistas.

A 276 metros de altitud y con París a sus pies, el viajero puede disfrutar del paisaje y deleitarse en un lugar  que ha sido testigo de innumerables promesas de amor.

Otra de las paradas imprescindibles de París es el Museo del Louvre, que alberga grandes obras de arte como “La libertad guiando al pueblo”  de Eugène Delacroix; “La balsa de la Medusa” de Théodore Géricault; o la archiconocida “Gioconda” de Leonardo da Vinci.

Pero visitar el Louvre en San Valentín es una oportunidad única para admirar con más detenimiento otras piezas que reflejan exotismo y sensualidad, como “El baño turco” de Dominique Ingres o las maravillosas esculturas de Cupido y Psique realizadas por el italiano Antonio Canova.

Pero, más allá del arte, ningún viajero debería marcharse de París sin dar un paseo por los Campos Elíseos, hacer algunas compras en las tiendas y galerías parisinas o degustar la exquisita gastronomía francesa.

Al caer la noche, llega el momento de asistir a alguno de los muchos espectáculos que nos brinda la capital de Francia. Entre ellos destaca el Moulin Rouge, uno de los cabarets más famosos del mundo.

Un gran colofón para la escapada romántica a París es hacer un crucero por el río Sena, ya sea de día o de noche, que se puede acompañar de un almuerzo o una cena a bordo.

VENECIA, GÓNDOLAS Y SUSPIROS.

Aunque si la idea es dar un romántico paseo sobre las aguas, la ciudad italiana de Venecia es un lugar inigualable.

Posee múltiples medios de transporte acuáticos, pero cuando se trata disfrutar de los hermosos canales venecianos en pareja, ninguno supera a la histórica góndola.

Según la tradición, si dos amantes se besan al atardecer en una góndola bajo el Puente de los Suspiros, mientras suenan las campanas de San Marcos, vivirán un amor eterno.

Son muchas las parejas que lo prueban, aunque sea sólo por si acaso. Sin embargo, los suspiros que dan nombre a este lugar poco tienen que ver con historias de enamorados.

El tan fotografiado puente une el Palacio Ducal (donde, entre otras cosas, se celebraban juicios) con la prisión.

Desde el interior del puente los condenados echaban un último vistazo al exterior, hacia la libertad que habían perdido y por ella es por la que suspiraban.

Muy cerca de este mítico puente se halla la Plaza de San Marcos, el verdadero corazón de la ciudad. De ella, Napoleón llegó a decir que era “el salón más bello de Europa”.

Su edificio más emblemático es la Catedral de San Marcos, una verdadera joya del arte bizantino. A su lado se alza el Palacio Ducal y, a escasos metros, el Campanile, una torre que sirve de campanario y desde la que se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de Venecia.

Cuando cae la noche, asistir a una ópera en La Fenice o cenar en un restaurante con vistas a los canales es una fantástica manera de cerrar una jornada redonda en la ciudad italiana.

LOS AMANTES DE TERUEL.

El siguiente destino no está entre los pesos pesados de los circuitos turísticos. Teruel es una ciudad pequeña y acogedora, situada al noreste de España, que se ha ganado su puesto en el listado de lugares románticos gracias a una trágica historia.

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII, Juan Diego Martínez de Marcilla e Isabel de Segura pretendían casarse. Ella era una rica heredera y él era segundo hijo de una familia, por lo que apenas contaba con herencia. Por este motivo, don Pedro, el padre de Isabel, se opuso a la boda. Entonces, Diego pacta con la familia de la novia un plazo de cinco años para hacer fortuna.

Así, el caballero parte a la guerra con el propósito de obtener riquezas suficientes para poder casarse con Isabel.

Pasan los meses y luego los años sin ninguna noticia de él. Cuando está a punto de expirar el plazo, todos creen que ha muerto y don Pedro organiza el matrimonio de Isabel con otro hombre. Ella acepta, pues piensa que su amado ya no vive.

El día en el que se celebra la boda, Diego regresa a Teruel, pero es demasiado tarde. Cuando entra en la ciudad le dan la noticia del casamiento de Isabel.

Esa misma noche, desolado, escala la casa de los recién casados y entra en los aposentos de la novia. Cuando está ante ella, le pide un beso pero Isabel se niega, pues ya es una mujer casada. Ante el dolor que esto le produce, Diego cae muerto.

Al día siguiente, en el funeral, Isabel se acerca al difunto y le da el beso que le había negado en vida. En ese momento, también ella cae muerta sobre el cadáver de su amado.

Los amantes de Teruel descansan juntos en un mausoleo adosado a la Iglesia de San Pedro, donde cada año acuden cientos de visitantes para rendirles homenaje.

Además, este templo donde reposan es un magnífico ejemplo de arte mudéjar. Este estilo arquitectónico es una mezcla del románico y el gótico, propios de occidente, con elementos decorativos de la arquitectura musulmana.

Sólo existe en la Península Ibérica, que es donde convivieron durante siglos las dos culturas. Además, la ciudad de Teruel es uno de los ejemplos más representativos del arte mudéjar.

Para disfrutar de esta pequeña urbe en todo su esplendor, es recomendable visitarla entre los días 20 y 23 de febrero, que es cuando se conmemoran las bodas de Isabel de Segura. Se representa este evento, montan en sus calles un mercado medieval, además de exhibiciones de danza, conciertos y otras muchas actividades.

KIOTO, TRADICIÓN JAPONESA.

Por último, cambiamos de continente para descubrir la romántica Kioto, la ciudad ideal para sumergirse en la cultura japonesa.

Muestra de ello es el barrio de Gion, con sus casitas tradicionales, muchas de ellas hoy convertidas en restaurantes, tiendas de artesanía o casas de té. Además, paseando por sus calles es habitual toparse con alguna geisha.

No muy lejos de Gion se encuentra el Palacio Imperial, pues Kioto fue la capital de Japón durante más de mil años.

La ciudad también cuenta con una gran cantidad de templos budistas y sintoístas. Uno de los más famosos es el de Inari, el dios de la cosecha del arroz, más conocido como el templo de las mil puertas.

A él se accede a través de un túnel hecho con arcos de madera de color rojo. Estas puertas sagradas, llamadas toriis, están separadas unos centímetros unas de otras y en sus jambas tienen inscripciones en las que consta la fecha y el nombre de la persona que donó el dinero para construir cada una de ellas.

Kioto es un destino muy especial para hacer un viaje en pareja debido a su ancestral cultura, su espiritualidad, su espléndida gastronomía y sus bellos rincones.

Conserva un gran número de templos y edificios históricos pues estos no fueron destruidos por los bombardeos de la II Guerra Mundial, al contrario de lo que ocurrió en otras ciudades japonesas.

Sin embargo, Kioto estuvo en la lista de objetivos a los que lanzar la bomba atómica, pero se libró de tan funesto destino debido al empeño del secretario de Guerra de Estados Unidos.

Henry Stimson convenció al presidente Truman de la necesidad de retirar a Kioto de la lista de objetivos alegando razones políticas y estratégicas.

No obstante, parece que Stimson también tenía motivaciones de carácter más personal para procurar la salvación de Kioto pues, según afirman varios historiadores, pasó allí su luna de miel y era un enamorado de la cultura japonesa. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Purificación León.

 

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Bonito paisaje veneciano desde una góndola
Una pareja se besa en el puente Pont des Arts, en París, Francia
Una pareja en París, frente a la Torre Eiffelk
Un grupo de turistas contempla, desde el puente de Rialto, el Gran Canal con sus típicas góndolas
Turistas caminan entre las miles de columnas naranjas del templo de Fushimi Inari en Kioto

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