En la capital de Bolivia encontramos camposantos patrimoniales convertidos en museos a cielo abierto, para que los escolares aprendan fuera de las aulas sobre temas como las memorias de la resistencia contra las dictaduras militares en Bolivia, la experiencia de conocer las costumbres funerarias judías o el aporte de los emigrantes alemanes al desarrollo de La Paz.

Se trata de  uno de los objetivos de un programa de educación patrimonial que la Alcaldía paceña tiene en marcha y que busca aprovechar con ese fin la riqueza histórica que albergan sitios como su emblemático Cementerio General, el patrimonial Cementerio Judío o el Alemán, considerado un “cementerio bosque”. “Un día en el cementerio” es el nombre de la actividad que permite a los estudiantes, sobre todo de secundaria, realizar visitas guiadas en días específicos a estos tres camposantos.

“VIVIENDO LA MEMORIA”

Esta iniciativa, organizada por la Secretaría Municipal de Culturas, es parte del “Programa de Resignificación del Cementerio General-Viviendo la Memoria”, que busca revalorizar ese camposanto, Patrimonio Histórico y Arquitectónico de la ciudad desde 2018. La propuesta apunta a “ver al cementerio como un museo a cielo abierto, proponiendo a los profesores que sea un espacio didáctico alternativo”, explica Ely Arana, analista de Investigación Histórica de la Unidad de Patrimonio Cultural municipal. En el caso particular del Cementerio General, las temáticas que se pueden abordar son tan diversas que van, desde conflictos bélicos o asuntos políticos, pasando por grandes literatos bolivianos, arquitectura o escultura. “Un día en el cementerio es también una manera de hacer que los estudiantes conozcan lo que es el concepto de patrimonio que abarca todo lo que las comunidades valoran en la tradición”, señaló por su parte el jefe de la Unidad de Patrimonio Inmaterial de la Alcaldía, José Bedoya. “Y no solamente son monumentos, sino es toda esta otra parte que son los mitos, los ritos, aquello que nos hace identificarnos con cultura”, agregó. Un quinquenio ha transcurrido desde la primera versión de esta actividad, a la que en los dos últimos años se han sumado las comunidades judía y alemana permitiendo que los escolares visiten sus camposantos en la urbe paceña. Bedoya recordó que en ninguno de estos dos cementerios “son permitidas las visitas de forma abierta, por lo que es una oportunidad única para los estudiantes de conocer más otras culturas”.

ENTRE KIPÁS Y PIEDRAS EN LAS TUMBAS

Enclavado en la ladera este de La Paz, en el barrio San Antonio, se encuentra el Cementerio Judío, declarado en 2013 “Patrimonio Histórico y Cultural” por ser una parte importante de la memoria colectiva de la ciudad. El camposanto es producto de las migraciones judías a La Paz, al necesitar esa comunidad un espacio “para poder realizar correctamente y de acuerdo a su religión sus ritos mortuorios”, indicó el guía municipal Carlos Ángel Huallpara. Cuando llegaron a esta ciudad en la década de 1930, los judíos enterraban a sus muertos en el Cementerio General, pero como no tenían posibilidad de cumplir con todas sus tradiciones allí, decidieron comprar un terreno para tener su propio camposanto, que tuvo su primer entierro en 1941. Los hombres deben cubrir sus cabezas en señal de respeto para visitar el camposanto, por lo que el encargado del lugar entrega kipás o solideos judíos a los escolares que no llevan gorras antes de iniciar el recorrido. Salvado ese detalle, los estudiantes empiezan la visita al cementerio en los salones de lavatorio y velatorio, donde los guías les explican los preparativos para despedir al difunto antes del entierro, que se debe efectuar lo más pronto posible. “El cuerpo se coloca en un ataúd de madera sin ningún tipo de adorno y siempre se busca que esté lo más cerca a la tierra para que se cumpla el mandato de las escrituras: polvo eres y en polvo te convertirás”, indicó Bedoya. También hay un memorial erigido para honrar a las víctimas del Holocausto, el asesinato de seis millones de judíos a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con múltiples placas en hebreo y español y una estrella de David blanca que resalta entre el predominante mármol gris del piso. Varios pinos apadrinados por los familiares de los fallecidos flanquean el camino hacia las tumbas, que consta de un espacio para los entierros de la comunidad en general, otro para los niños y el tercero para quienes se suicidaron. En algunos trechos hay recipientes con pequeñas piedras para que los visitantes las coloquen sobre la tumba de sus seres queridos, con la creencia de que las flores cortadas mueren pronto, mientras que “la piedra no se marchita, no va a desaparecer”, apuntó Huallpara.

MEMORIAS DE LAS DICTADURAS

En el otro extremo de la ciudad, en la populosa zona Garita de Lima, está el patrimonial Cementerio General, con callejuelas atestadas de nichos, mausoleos, esculturas, murales y memoriales. Este año la Alcaldía eligió el nefasto periodo de las dictaduras militares en el país entre 1964 y 1982 para las visitas guiadas a ese camposanto, “porque hay espacios en los cuales se recuerda o se rememora a aquellas personas caídas durante la época de la dictadura”, comentó Arana. “Muchos de los jóvenes que están visitando en esta ocasión el cementerio desconocen este periodo de la historia de Bolivia, por eso es que tratamos de sensibilizar y que de alguna forma vayan a recordar”, apuntó. Los estudiantes recorren el cementerio escuchando atentos a las explicaciones de los guías sobre asuntos como el contexto histórico de la época de las dictaduras militares en América Latina en las décadas de 1970 y 1980. O valores como la fe, caridad, esperanza y justicia que caracterizaron a los luchadores por la recuperación de la democracia en Bolivia. La violencia ejercida durante el periodo de Hugo Bánzer entre 1971 y 1978 y la seguidilla de gobiernos dictatoriales que hubo en los años posteriores hasta que en 1982 volvió la democracia a Bolivia también son recordados a cada paso. Un memorial con dos enormes piedras recuerda a las víctimas de uno de los episodios más violentos de las dictaduras, la “Masacre de la calle Harrington”, una operación de paramilitares que asesinaron en 1981 a ocho dirigentes del extinto Movimiento de Izquierda Revolucionaria. El lugar resalta, además, por un mural de unos ochenta metros cuadrados, “Tiempo-memoria-muerte”, que muestra a tres personas sosteniendo velas en un fondo negro, pintado en 2018 por el uruguayo Theic en el encuentro de arte urbano que anualmente se realiza en ese camposanto por iniciativa municipal. La visita termina recordando al jesuita español Luis Espinal, torturado y asesinado a tiros por paramilitares después de ser secuestrado en marzo de 1980 en La Paz, y al oblato canadiense Mauricio Lefebvre, que murió acribillado en agosto de 1971 al ir a socorrer a las víctimas del golpe de Estado de Bánzer.

HERENCIA ALEMANA

Una vuelta al este paceño es necesaria para la última visita dentro del programa municipal hasta el barrio de Villa Copacabana, colindante con San Antonio, que acoge desde 1950 al Cementerio Alemán. “Al igual que los judíos, los alemanes buscaban un espacio propio para enterrar a sus muertos en La Paz y lo hallaron en la que fue la hacienda “Bad Penny””, precisó a Efe la guía municipal Mónica Sanco. El verde de los numerosos árboles de este cementerio resalta en medio de las viviendas aledañas, como los muros elevados que le rodean y su imponente capilla. Precisamente su frondosa vegetación, incluidos dos pinos traídos de Alemania, le ha valido ser considerado un “cementerio bosque”. Casi al ingreso hay un memorial de piedra que lleva una cruz y una placa con un mensaje que traducido al español reza: “Para las víctimas de la guerra, el terror y la violencia”, en conmemoración de los fallecidos en las dos guerras mundiales. El principal edificio es la capilla, de estilo neovernacular, con muros de piedra y cuatro pilares en la fachada, además de un revestimiento de madera coronado con una enorme cruz. El techo emula a las construcciones en Alemania donde “cae mucha nieve” en el invierno y los tejados tienen que tener “las pendientes muy bajas para que ésta se deslice”, según Sanco. Un Cristo crucificado de madera y las banderas boliviana y alemana reciben a los dolientes en el interior de la capilla.

El objetivo de la visita es mostrar a los estudiantes “el aporte de los alemanes a Bolivia, al comercio y también hablarles sobre su cultura”, explicó Sanco. Los jóvenes tienen permitido el paso hacia el sector de las tumbas, donde están prohibidas las cámaras fotográficas y filmadoras, para conocer sobre algunos alemanes gestores de grandes industrias farmacéuticas, papeleras o alimentarias que hoy son marcas emblemáticas paceñas. Como Alejandro Wolf, creador de una cervecera en 1877 que luego se convirtió en la Cervecería Boliviana Nacional, la principal del país en la actualidad. O Ernest Schilling, un farmacéutico que llegó a Bolivia en 1925 y casi una década después fundó la Droguería Hamburgo, actualmente la Droguería Inti que produce el Mentisán, un ungüento mentolado indispensable en los botiquines bolivianos. Los esposos Georg y Christine Stege, quienes abrieron en 1910 una fábrica de embutidos que actualmente es una de las más conocidas en Bolivia. O Jonny Von Berger, cofundador en 1930 de La Papelera, una de las primeras fábricas de ese tipo en el país, son también parte de este legado que pervive más allá de la muerte. Reportaje/Imágenes: Efe

Por: Gina Baldivieso

Estudiantes bolivianos visitan el Cementerio Alemán en La Paz, Bolivia
Estudiantes bolivianos visitando el Cementerio Judío en La Paz, Bolivia
Estudiantes en una representación dedicado al jesuita español Luis Espinal
Estudiantes mientras visitan el Cementerio General de La Paz, Bolivia
Estudiantes visitando el Cementerio Judío ,con sus respectiva kipá
Memorial para honrar a las víctimas del Holocausto en el Cementerio Judío
Monumento a los fallecidos durante las dos guerras mundiales el Cementerio Alemán
Mujeres aimaras mientras visitan el Cementerio General de La Paz, Bolivia
Salón velatorio del Cementerio Judío en La Paz, Bolivia
Tumba del jesuita español Luis Espinal en el Cementerio General de La Paz, Bolivia
Una de las tumbas al interior del Cementerio Judío en La Paz, Bolivia

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