La localidad china de Beichuan, en la que murieron 20.000 personas en el terremoto que sacudió el centro de ese país en mayo de 2008 se ha convertido, una década después, en una ciudad fantasma en ruinas, deliberadamente conservada para concienciar a los visitantes de lo cruel que puede ser la naturaleza.

Antaño una cabecera comarcal rodeada de montañas y a orillas del río Jianjiang, en la que convivían chinos de la etnia mayoritaria de los han con la minoría qiang, Beichuan es actualmente un estremecedor monumento de cientos de casas destrozadas, algunas peligrosamente inclinadas hacia un lado, que no puede dejar indiferente.

“Silencio por favor, aquí hay 20.000 víctimas”, reza un cartel a la entrada de las ruinas, muchas de ellas reforzadas por grandes puntales de acero para evitar que acaben de colapsar, aunque el peligro subsiste dada la alta actividad sísmica de una zona donde friccionan las placas tectónicas india y asiática.

Entre un tercio y la mitad de los habitantes de Beichuan fallecieron aquí, y los supervivientes, tras más de un año viviendo en cobertizos temporales, fueron reasentados en Nuevo Beichuan, una ciudad levantada de la nada hace menos de una década y hoy rebosante de hoteles, tiendas y restaurantes, a 30 kilómetros del emplazamiento original.

El bullicio del Nuevo Beichuan contrasta con el silencio de las ruinas de la antigua ciudad, sólo rotas por las palabras de algún visitante, por el sonido funerario de trompeta militar que suena en los altavoces o por los petardos que algunos encienden para ahuyentar a los malos espíritus.

En cinco idiomas, carteles indicadores muestran lo que era cada uno de los edificios, muchos de ellos reveladores del carácter campesino de la antigua localidad: allá el Buró de Agricultura, en el que murieron 25 de los 72 empleados; o más lejos la Cooperativa de Crédito Rural, que con siete pisos era el edificio más alto de Beichuan y en el que fallecieron  47 de los 212 trabajadores.

Ante algunas de las ruinas se muestran las fotos de todos los muertos en el desplome de los distintos edificios, caso de los 28 policías que perdieron la vida entre los escombros de la comisaría local, o los 31 funcionarios de correos a los que la oficina postal, uno de los edificios en peor estado, les cayó encima.

Los lugares en los que la cuenta de víctimas fue mayor en Beichuan, sin embargo, fueron las escuelas e institutos locales, donde cientos de niños y adolescentes se encontraban en las aulas cuando el seísmo de 8 grados de magnitud golpeó el lugar, a las 14:28 hora local.

En el Instituto Vocacional de Beichuan, cerca del río y de un puente cuyas ruinas también se conservan, murieron 109 de los 1.640 alumnos y profesores, aunque su estructura se mantiene, y en su interior todavía pueden verse pizarras, pupitres y sillas, cubiertos de tierra, polvo y telarañas.

Peor parado resultó el Instituto de Beichuan, en pleno centro de la ciudad, al que tras el terremoto le cayeron millones de metros cuadrados de tierra y rocas de una colina cercana, arrasando completamente el centro.

LOS HOMENAJES, EN EL INSTITUTO.

De éste quedan sólo la bandera nacional del patio de recreo en la que en su día realizaban juramentos los estudiantes, una canasta de baloncesto desvencijada y una marea de rocas bajo las que desaparecieron decenas, quizá cientos de estudiantes y profesores cuyos cuerpos nunca pudieron ser recuperados.

La zona del instituto se ha convertido en el principal centro de homenajes de las ruinas, y ante ella miles de visitantes encienden velas rojas, dejan crisantemos amarillos y rezan por los desaparecidos, después de hacer tres genuflexiones en señal de respeto.

“Trabajamos muy duro aquí, es un intenso recuerdo”, señala lacónicamente a Efe un soldado que ha acudido a esa explanada del horror a rendir homenaje a las víctimas, acompañado de dos ancianos militares veteranos de guerra que lucen sus antiguas condecoraciones.

“Recordemos la catástrofe, no olvidemos la historia, esforcémonos y creemos prosperidad”, reza frente a esta zona de homenajes un gran cartel en letras negras sobre fondo blanco, indicador de luto (las pancartas festivas chinas son en cambio amarillas con fondo rojo).

Las ruinas conservan incluso pintadas informativas que realizaron los soldados y efectivos de rescate durante las largas jornadas de salvamento: “Este lugar ha sido desinfectado por la unidad militar número 71”, dice una de ellas, en uno de los edificios de los que apenas quedan más que escombros.

Aquí y allá permanecen restos de lo que otrora fue una ciudad llena de vida: un sofá, una mesa de té con una lámpara, un automóvil aplastado bajo un edificio inclinado sobre él, carteles de cibercafés, tiendas de alimentación u oficinas gubernamentales.

En una de las avenidas principales, las farolas, muchas de ellas inclinadas hasta 45 grados, todavía conservan publicidad de China Telecom, una de las principales compañías telefónicas estatales, con un mensaje que ahora se antoja triste: “Construimos una buena ciudad para el pueblo”.

Los carteles informativos presumen de que el lugar es “la mayor zona catastrófica conservada del mundo”, pues los chinos no pierden ocasión de presumir ni siquiera en las desgracias, y en ocasiones cuentan dramáticas historias de víctimas y supervivientes.

Relatan por ejemplo el caso del “Niño Coca Cola”, Yang Binbin, famoso porque pasó 76 horas entre los escombros y cuando fue rescatado lo primero que pidió a los soldados fue que le dieran uno de esos refrescos carbonatados.

A Yang le tuvieron que amputar las piernas días después, aunque más dramático fue el caso de Gong Tianxiu, una empleada del Banco Agrícola de Beichuan que rodeada de escombros vio morir a su lado a su marido y tuvo que serrar su propia pierna para salir de allí.

La etnia Qiang, una de las que más sufrió en el seísmo, está presente en las ruinas por la abundancia en ellas de adornos con forma de cabeza de macho cabrío, uno de los símbolos más característicos de este pueblo.

UN ROSTRO LATINOAMERICANO.

También por la permanencia en Beichuan de un “gonglong”, torre de vigilancia edificada con losas de piedra típica de las aldeas Qiang y que en Beichuan quedó casi indemne, aunque inclinada, probando que en ocasiones la construcción tradicional es más resistente a los elementos que los métodos de edificación modernos.

A unos pocos kilómetros de esas ruinas las autoridades construyeron un museo memorial en el que el verde y tupido césped de los alrededores es “cortado” por un camino empedrado en forma de grieta, simbolizando la implacable acción de un seísmo.

En el interior del museo, con fuerte tono propagandístico y comunista, se cuenta la destrucción del terremoto de 2008 pero también las labores ímprobas de los soldados chinos en las operaciones de salvamento, las tareas de reconstrucción y las visitas de los líderes chinos a la zona catastrófica.

En una zona dedicada a la cobertura mediática del terremoto aparece una cara latinoamericana: es el fotógrafo argentino Diego Azúbel, quien en 2008 cubrió gráficamente el terremoto para la agencia fotoperiodística EPA, hoy participada por Efe.

En las ruinas se recuerda también a los ocho periodistas de la televisión local que fallecieron en el seísmo, y aunque la estación televisiva quedaba reducida a escombros, sus compañeros supervivientes fueron capaces de documentar los primeros minutos del desastre, en unas valiosas imágenes que se convirtieron en documental.

El lugar es visitado especialmente en mayo de cada año, cuando se acerca el aniversario del trágico hecho, y a él acuden casi en peregrinación los habitantes locales, para no olvidar el día en el que la tierra casi se abrió a sus pies.

“He traído a mi hijo, que aún no había nacido, para que vea los grandes daños que puede causar un terremoto. No perdimos a nadie en el seísmo, pero el hijo de un amigo sí falleció aquí y hoy venimos a recordarle”, cuenta a Efe Feng Cui, una vecina de la cercana ciudad de Mianyang que ha visitado la zona en el décimo aniversario. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Antonio Broto.

Centro cultural de Beichuan, con una torre Gonglong al estilo Qiang que resistió el seísmo de 2008
El terremoto que sacudió el centro de China en 2008 dejó 20.000 muertos y numerosos daños materiales
Habitantes de Beichuan pasean delante de algunos edificios destrozados por el terremoto de 2008
Las secuelas del terremoto que sacudió el centro de China en 2008 son evidentes en la localidad de Beichuan
Un soldado que participó en el rescate rinde homenaje a las víctimas en el décimo aniversario de la tragedia
Vista general de las ruinas de Beichuan, diez años después del gran terremoto que dejó 20.000 muertos

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