En Roma, antes de la pandemia, millones de turistas fotografiaban cada año la Fontana di Trevi, pero esta no es la única fuente que merece la pena conocer en la capital italiana. He aquí cinco de ellas y sus historias.

Beber de la belleza de Roma: fuentes de la “Città Eterna”

En febrero de 2020 Italia tuvo que cerrarse a sus ciudadanos y al mundo. Ante la pandemia de la COVID-19, las zonas más reconocibles y turísticas del país se vaciaron. Ya no había colas para entrar en el Duomo de Milán, ni en la Galeria degli Uffici en Florencia; ni en Pompeya, en Nápoles. Tampoco en Roma había turistas que tirasen una moneda a la Fontana di Trevi o que fotografiasen la Fontana dei Quattro Fiumi, en la Piazza Navona.
Estos son dos ejemplos de las numerosas fuentes que adornan la capital italiana. He aquí un recorrido por las historias y curiosidades de algunas de ellas.

FONTANA DI TREVI.

-Modelos presentan creaciones del diseñador alemán Karl Lagerfeld y la italiana Silvia Venturini Fendi, durante un desfile en la Fuente de Trevi en Roma (Italia). EFE.

Sin duda, la fuente más famosa de la ciudad. Desde via del Corso, por la via delle Muratte, ya se oye el agua que cae en cascada en esta majestuosa fuente considerada una de los máximos exponentes y obra cumbre del barroco tardío.

El diseño de tan visitada obra es de Nicola Salvi, completado por Giuseppe Pannini. La fuente data de 1762 y adorna la fachada del Palazzo Poli.

La Fontana di Trevi, con sus figuras mitológicas, las conchas y las rocas, tardó 30 años en ser finalizada. Su creador, Salvi, no llegó a verla acabada ya que murió 11 años antes.
Cuenta con 25 metros de alto y 50 de ancho, aproximadamente. Y Si hay una imagen grabada en el imaginario colectivo ligada a esta fuente es la escena de “La dolce vita”, la película de Federico Fellini, en la que la actriz Anita Ekberg se bañaba en sus aguas con un vestido negro.

 

Cuenta la leyenda, que quien arroja una moneda a sus aguas, se asegurará la vuelta a Roma.

El Ayuntamiento de la ciudad se encarga de recuperar las monedas arrojadas, que se destina a Cáritas, una organización católica que usa el dinero para ayudar a familias vulnerables, personas sin hogar y migrantes.

En 2019, la cuantía alcanzó más de 1.600.000 dólares, según reflejaba el diario local La Repubblica.

FONTANA DEI QUATTRO FIUMI.

Dos turistas se refrescan en la fuente de Bernini situada en la Piazza Navona de Roma . EFE/Claudio Perio.

Quizá el nombre no les diga mucho, pero esta fuente es una de las más admiradas de Roma.

Su ubicación, en el centro de Piazza Navona, la expone a ser observada y fotografiada. Su nombre significa “la fuente de los cuatro ríos” y en ella están representados, de una manera antropomórfica, el Nilo, el Río de la Plata, el Danubio y el Ganges, cada uno en uno de los cuatro continentes conocidos en el momento de su concepción.

El responsable de esta fuente, que en el medio tiene un obelisco egipcio, es Gian Lorenzo Bernini y su construcción se completó en 1651.

El hombre que representa el Nilo tiene los ojos tapados y la leyenda cuenta que fue diseñado así para evitar ver la iglesia que tiene enfrente, la Chiesa di Sant’Agnese en Agone, obra de la némesis de Bernini, Francesco Borromini.

Sin embargo, según la Enciclopedia Británica, la fuente se completó un año antes del inicio de la construcción de la Iglesia, dos años antes de que Borromini se implicase en el proyecto y 15 antes de su finalización.

Otras fuentes apuntan a que el motivo de que Nilo tuviese la cara cubierta hace referencia a que el nacimiento del río no se conocía aún en aquella época.

Esta fuente también tuvo su protagonismo en el cine, en este caso, en una película más reciente: la adaptación de la novela de Dan Brown “Angels and Demons”. Tom Hanks, que encarna al profesor Robert Langdon, se tira a la fuente para salvar a un candidato a Papa de morir ahogado.

LACUS IUTURNAE.

Mucho antes de que la rivalidad entre Bernini y Borromini llenase la capital italiana de arte y belleza, Roma era la cuna del Imperio Romano. En las ruinas de aquella civilización poderosa, se mantiene la Lacus Iuturnae.

Esta fuente está compuesta por una estatua del dios Apolo, fechada entre el siglo I y II d.C; un altar del siglo II d.C y un pozo.

Con motivo de la restauración y retorno de las esculturas que adornaban la fuente al Foro Romano, la responsable de los trabajos dijo a Efe que en la Antigua Roma, la fuente estaba encastrada en el suelo y “daba la sensación de que salía agua de la tierra”.

La fuente rendía homenaje a la ninfa de las aguas, Juturna. Según la mitología romana, Júpiter, el principal Dios, Zeus para los griegos, concedió a Juturna la inmortalidad tras haberla desvirgado.

FONTANA DEL TRITONE.

Detalle de la Fuente de Tritón helada en la Plaza de Barberini en Roma (Italia). EFE/Massimo Percossi

Otra obra del maestro Bernini, la Fontana del Tritone está situada en la piazza Barberini y suele ser obviada por turistas y ávidos “instagramers”.
La fuente fue encargada en 1625 por el papa Urbano VIII, que pertenecía a la influyente y noble estirpe de los Barberini. De hecho, las abejas que se encuentran en la base de la fuente es uno de los símbolos de la familia.

La fuente está construida en mármol travertino y, en su parte más alta, se ve a un tritón sobre una concha, a su vez sujeta por cuatro delfines, haciendo sonar una caracola de la que sale el flujo de agua.

Durante años, la fuente tampoco obtuvo mucho cariño y cuidado por parte de los romanos, de hecho, cuando la restauraron, a principios de la de década de los treinta del pasado siglo, al quitar el musgo y las incrustaciones algunos pensaron que la habían cambiado por lo diferente que parecía.

FONTANA DEL FACCHINO.

Vista de la Fontana del Facchino (del portero).

Tal vez esta fuente menor de Roma, la Fontana del Facchino (del portero) no sobresalga por su belleza o su cuidada ornamentación, pero la Fontana del Facchino tuvo otro protagonismo en la historia: es una de las estatuas parlantes de la ciudad.
En ellas, los romanos dejaban notas en las que exponían ideas, criticaban al poder o se quejaban de asuntos sociales.

Situada en uno de los laterales del edificio que alberga el Banco de Roma, en via Lata, representa una figura masculina, con la cara prácticamente desfigurada que sostiene un barril de agua, del que sale un hilo constante de agua.

Fue construida por Jacopo Conte en torno a 1580 y representa a un “acquarolo”, un trabajador que hasta que a finales del siglo XVI, cuando el papa Gregorio XIII restauró los acueductos, recogía agua del río Tíber y de otras fuentes públicas y la iba vendiendo puerta a puerta.
Por Manuel Noriega.
EFE/REPORTAJES

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