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Vista del distrito financiero de Austin (Texas). EFE/Jorge Fuentelsaz

abcero más allá del paisaje urbano de las imponentes sedes empresariales y las apacibles calles residenciales de casas bajas, la llegada de 567.082 nuevos residentes a la ciudad en solo una década (2010- 2020) también ha despertado el recelo de muchos antiguos y nuevos residentes, que han sufrido el encarecimiento del nivel de vida aparejado a este boom, sin poder disfrutar de sus bondades.

“Cuando me mudé aquí era con la idea de estar un par de meses, pero cuando llegué, me gustó mucho la tranquilidad, la paz, los amplios cielos y la gran cantidad de sol”, asegura a Efe Joey Hirsh, un neoyorquino que trabaja en el sector tecnológico y que llegó a Austin hace cuatro años huyendo del alboroto y los precios desorbitados de Nueva York.

La artista austiniana Emily Mente pintó recientemente un mural de grandes dimensiones por encargo de una constructora local, en el que edificios y estatuas emblemáticas de la ciudad se levantan entre una suntuosa vegetación y custodian en su centro varios obreros, una grúa y un camión hormigonera, elementos que también se han convertido en parte del paisaje urbano.

El encargo inmobiliario, titulado “Construye una gran vida”, intenta “reflejar que no se trata únicamente de la construcción de edificios, sino de ofrecer un servicio a la comunidad, creando trabajos y mejorando el nivel de vida”, cuenta a Efe Mente.

Conjunto de esculturas junto al Capitolio de Austin. EFE/Jorge Fuentelsaz

EL ATRACTIVO TECNOLÓGICO DE LA CIUDAD.

La presencia de sedes tecnológicas como Google, cuyo lema corona el perfil del centro económico de Austin; Tesla, que recientemente inauguró una flamante factoría de vehículos, o el nuevo campus universitario de Apple, son ejemplos de la presencia y crecimiento de este sector, que ha sido clave para atraer a la ciudad, sobre todo, a jóvenes milénials y, con ellos, a un boyante sector inmobiliario.

“Como un destino establecido y asequible para los trabajadores tecnológicos milénials, Austin tiene los costos operativos anuales más bajos para las empresas tecnológicas y, de media, es la tercera ciudad con los alquileres de apartamentos más bajos de los 10 principales mercados de talentos tecnológicos de EE. UU.”, aseguraba el pasado julio la firma CBRE en un informe.

En total, cada año la ciudad acoge 33.700 nuevos residentes llegados del estado de Texas u otras partes del país y 6.660 procedentes del extranjero, que se suman al crecimiento natural de la ciudad que roza los 16.000 nuevos vecinos.

Y no es la única ciudad del estado con un crecimiento exponencial. En la misma década Houston, con un aumento de la población del 20,3 %, se convirtió en la décima gran ciudad de mayor crecimiento de Estados Unidos.

Por delante de Austin todavía hay regiones como San Francisco Bay Area (California), Seattle (Washington), Washington D.C. o Nueva York, que atraen a más trabajadores de empresas tecnológicas, pero californianos y neoyorquinos como Joey son quienes encabezan la lista de estadounidenses que más se mudan a la capital texana.

Vista del distrito financiero de Austin con el río Colorado en primer término. EFE/Jorge Fuentelsaz

LA RESISTENCIA CONTRA EL CAMBIO.

Sin embargo, este tsunami económico y poblacional sigue encontrando un gran número de detractores, tanto entre los habitantes locales, como entre quienes se mudaron a la ciudad antes o durante los años del boom tecnológico.

Collier Gray, compañero de Joey en una joven empresa de criptomonedas, ha regresado a su Austin natal tras años viviendo en la costa noreste de Estados Unidos y resume en tres los principales inconvenientes aparejados al despegue económico tejano: El encarecimiento de la vivienda, la densidad del tráfico y un cambio en la cultura del ocio, con los restaurantes de toda la vida ahora llenos.

No muy lejos de su oficina, donde se juntan la calle Barton Springs y el bulevar Lamar, hay varios carteles pegados en postes y cajas de la luz donde se puede leer: “Dejad de mudaros a Austin”, un reflejo de la animadversión de parte de la población hacia la afluencia masiva de forasteros.

Joey Hirsh, un neoyorquino que trabaja en el sector tecnológico y que llegó a Austin hace cuatro años huyendo del alboroto y los precios desorbitados de Nueva York. EFE/Jorge Fuentelsaz.

“No es que no quiera que la gente deje de mudarse a Austin. Quiero que las corporaciones y las inmobiliarias dejen de venir a Austin con el objetivo de hacer dinero rápido”, dice a Efe por teléfono el autor de estos carteles, un artista anónimo que se identifica como TVhead.

Originario de California, de donde llegó hace 25 años, TVhead, que califica a los recién llegados, especialmente a los provenientes de California y Nueva York como “refugiados que huyen de los impuestos” y del precio elevado de la vivienda, se queja de que el boom vivido en la ciudad “ha arruinado su estilo de vida”, su vida musical y artística.

Pero Mente insiste en que aunque entiende “que la gente pueda frustrarse infinitamente con los atascos o con la gran cantidad de gente”, para ella: “como artista, (el crecimiento) ha supuesto una oportunidad”.

“Siempre me esfuerzo en enfocarme en los aspectos positivos de lo que ocurre en la ciudad, para que la ciudad avance, para mantener viva la vida cultural”, agrega.

Una ciudadana camina por una calle de Austin delante de un cartel donde se puede leer “Dejad de mudaros a Austin”. EFE/Jorge Fuentelsaz

HACER LAS MALETAS, UNA NUEVA TENDENCIA.

Paralelamente a la continua llegada de nuevos habitantes, en los últimos años también se ha acelerado la salida de gente de la ciudad, empujada por los cambios de su nueva edad de oro económica.

Según la plataforma de mudanzas “Move”, Texas fue el segundo estado de EE. UU. que más migrantes internos recibió en 2021, después de Florida, pero también se convirtió en el segundo del que más personas hicieron las maletas, sólo por detrás de California.

TVhead asegura que lleva varios años buscando una parcela a las afueras de la ciudad donde poder construir su casa, porque la productora de vídeo que dirige está en Austin.
“Aquí las cosas son un poco más fáciles”, dice Joey antes de confesar que también ha notado en los últimos años que las cosas van más rápido y es un poco más estresante” y que, a pesar de haber conseguido un trabajo en el sector tecnológico, confiesa que no puede permitirse comprar una casa porque “los precios se han vuelto locos”.

Por eso, piensa que si las cosas siguen cambiando a este ritmo puede que en un par de años se vuelva a mudar a otra ciudad “que quizá no sea tan ‘cool’, pero que sea agradable”.

Jorge Fuentelsaz.

EFE REPORTAJES

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