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Dos buzos del Club Punta Leona fueron registrados al limpiar una placa instalada en uno de los arrecifes artificiales ubicados en la zona de Playa Blanca, en la provincia de Punta Arenas, en San José (Costa Rica). EFE/Jeffrey Arguedas

Los arrecifes artificiales se han convertido en un paso hacia la recuperación de la vida marina en Costa Rica, gracias a sus beneficios para mantener la diversidad de peces, evitar la erosión y crear un corredor de protección.

Uno de estos proyectos se ubica en Playa Blanca, provincia de Puntarenas (Pacífico), un sitio cinco estrellas de bandera azul ecológica por la limpieza de sus aguas, en donde se han colocado 14 estructuras tipo campana, con un peso entre los 250 y 600 kilos, que se han transformado en hábitat para muchas especies.

Las estructuras fueron creadas con cemento marino, que tiene dos aditivos distintos que permiten la facilidad de la adherencia de la vida marina, esto le da una mejor oxigenación y equilibra el ph para que las algas, conchas y musgos se puedan adherir y crear un hábitat más amigable.

“Costa Rica tiene más territorio azul que verde, y han sido más recurrentes las campañas de reforestación, pero en la parte azul estamos en un deuda con el océano, tenemos dos costas maravillosas y pensamos que era el momento de mirar hacia el océano y ahora queremos hacerlo “reforestando” los océanos”, afirmó a Efe César Vargas, gerente de Relaciones Corporativas del Hotel Punta Leona, empresa que lleva a cabo el proyecto.
Los expertos han manifestado que durante los últimos años la productividad de las áreas rocosas ha sufrido alteraciones, por el cambio climático, movimiento de sedimentos o la sobreexplotación por recursos pesqueros.

Por lo tanto, este tipo de iniciativas se convierte en un paso hacia la recuperación, porque crea refugios, incrementa la disponibilidad del sustrato para la fijación de algas, pequeños moluscos y crustáceos, que sirven de alimento a muchas especies marinas y permite mantener sano el ecosistema.

BENEFICIOS DE LOS ARRECIFES ARTIFICIALES

Registro de un arrecife artifical ubicado en la zona de Playa Blanca, en la provincia de Punta Arenas, en San José (Costa Rica). EFE/Jeffrey Arguedas

“Las ventajas de este tipo de arrecifes es que dan una estabilidad en el sustrato por su forma de campana y peso, promueven una alta diversidad de peces que lo convierte en atractivo turístico y también ayuda en la sedimentación para que los elementos suspendidos en agua queden atrapados en las estructuras. Su desventaja es el costo y la durabilidad porque puede llegar a los 30 años”, explicó Carlos Pérez, biólogo del estatal Instituto Nacional de Aprendizaje quien es parte del proyecto.

El objetivo de la iniciativa es alcanzar las 200 estructuras para crear un tipo de corredor biológico marino que permita el paso de las especies entre los arrecifes naturales que ya existen en la zona. La siguiente etapa paralela a los arrecifes artificiales, es la colocación de cultivos de coral en sistemas especiales para que puedan crecer.

El proyecto, además de proteger y mantener la biodiversidad, servirá como punta de lanza para crear educación ambiental, e impulsar un turismo sostenible, ya que los visitantes podrán realizar actividades recreativas en la zona como esnórquel o buceo, y al mismo tiempo aprender cómo funciona el ecosistema, lo frágil que es el área marina y cómo las malas prácticas que se hacen en la ciudad tienen una repercusión en las costas.

Según expertos en buceo, en la zona se pueden encontrar peces loro, actualmente en riesgo de extinción, y que son fundamentales para el equilibrio del ecosistema pues comen las algas para evitar que estas crezcan desmedidamente.

Además, en la zona hay langostas, pulpos, ostiones, cambute, tiburones punta blanca, tortugas carey, verde y lora, indicadores de que el ecosistema está sanando.

“Cuando la gente entra al agua permite generar consciencia, de que hay otro mundo, de que los colores son distintos, el tiempo corre de otra manera y es una actividad que crea conciencia en la gente”, explicó el biólogo e instructor de buceo de Dive Costa Rica, David Astudillo.

CONSERVACIÓN EN DEUDA

Registro de un pez en medio de un arrecife artificial, instalado por personal del Club Punta Leona, en la zona de Playa Blanca de la provincia de Punta Arenas, en San José (Costa Rica). EFE/Jeffrey Arguedas

Costa Rica, país que es 10 veces más grande en su territorio marino que en el terrestre, se ha caracterizado internacionalmente por su imagen de impulsar un turismo sostenible y protección del medioambiente.

En su área terrestre e insular protege un total de 13.030,55 kilómetros cuadrados, para un 25,5 % del total de su territorio, y su meta es llegar al 30 %.

Pero en las áreas marinas, el país protege 15.501,92 kilómetros cuadrados, un 2,7 % de su extensión, lejos del 10 % que era el compromiso internacional al 2020.

Este proyecto de arrecifes artificiales en alianza público-privada, en el que también participa la organización ambientalista MareBlu, ha permitido que el país avance en la investigación marina e inicie su proceso de transformación para mantener y proteger la riqueza biológica en el mar.

La respuesta positiva del proyecto y los beneficios mostrados ha permitido que el estatal Instituto Nacional de Aprendizaje arranque la creación de un Protocolo de Arrecifes Artificiales con pautas para su instalación, con estudios técnico-científicos.

Costa Rica intentó en los años 90 un proyecto similar, pero no se contaba, en ese momento, con la materia prima que fuera más idónea. En el país hay otros proyectos como hundimiento de barcos, o uso de estructuras de porcelana, pero estas de cemento marino, son únicas a nivel nacional.

María José Brenes

Reportaje e imágenes: Efe

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