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El eje intestino-cerebro canaliza una relación constante entre los sistemas digestivo y nervioso de nuestro cuerpo, según explica Andrea Valls. Foto: Cookie Studio/Magnific.

Cada vez más personas conviven con síntomas digestivos persistentes —hinchazón, dolor abdominal, gases, digestiones pesadas, fatiga o intolerancias— sin un diagnóstico claro o con respuestas insuficientes, según una especialista que padeció esos problemas y descubrió que para entenderlos y solucionarlos hay que tener en cuenta su origen psicoemocional y multifactorial.

En el ámbito de la medicina, la palabra “inespecífico” hace referencia a aquellos síntomas, molestias o dolores cuyo origen físico no puede determinarse de manera definitiva, y que no se pueden catalogar, ni permiten establecer un diagnóstico claro.

Esa falta de “especificidad” es la característica que tienen en común los síntomas digestivos persistentes con los que conviven cada vez más personas sin un diagnóstico claro o con respuestas insuficientes, desde hinchazón o dolor abdominal, hasta gases, digestiones pesadas, fatiga o intolerancias alimenticias, asegura Andrea Valls, divulgadora especializada en salud y bienestar.

Andrea Valls señala que experimentó esos trastornos en carne propia y consiguió sobrevivir a ellos, utilizando un enfoque diferente al habitual (basado en la obsesión por el diagnóstico y la necesidad “de ponerle nombre” a lo que ocurre), buscando comprender qué estaba ocurriendo en su cuerpo y por qué ocurría, en lugar de centrarse únicamente en las ‘etiquetas’.

Comer de manera consciente, saboreando el alimento, conociendo su textura, disfrutando su olor, es beneficioso para la digestión. Foto: Freepik.

Recuperando el bienestar perdido.

Después de pasar años sufriendo problemas intestinales, esta divulgadora convirtió su experiencia personal en un proyecto que actualmente acompaña a miles de mujeres hacia la recuperación de su bienestar (www.instagram.com/andreavalls) y fundó Eclat Wellness, un centro de salud digestiva integral dedicado a la nutrición, la psicología y el deporte.

También es autora del libro `¿Qué puedo hacer si me duele la barriga?´, donde expone distintas herramientas para “entender tu cuerpo, transformar la incertidumbre en esperanza y recuperar la ilusión de vivir sin que todo gire alrededor de la comida”, al que describe como “ese abrazo que tanto necesitó” cuando sufría problemas intestinales.

Muchas personas aquejadas por trastornos digestivos acuden a las consultas médicas y se someten a pruebas clínicas sin que de ello surja un dictamen concluyente ni un tratamiento que les funcione, y al descartarse la existencia de una afección orgánica, terminan asumiendo que estos problemas son anecdóticos o “normales”, pero Valls está en desacuerdo con esa idea.

Señala que esos síntomas “cada vez más comunes y normalizados” se han convertido en un fenómeno extendido que afecta profundamente a la calidad de vida, impactando no solo en lo físico, sino también en lo emocional y social, al condicionar la alimentación, limitar los planes y generar un miedo constante.

Múltiples factores conectados entre sí.

Valls explica que los problemas digestivos suelen ser multifactoriales, ya que en ellos “pueden intervenir los desequilibrios de la microbiota (conjunto de microorganismos que habitan de forma natural en nuestro cuerpo) y la inflamación crónica, así como infecciones, intolerancias, o factores hormonales o metabólicos, entre otros”.

Además, insiste en que estos factores no actúan de forma aislada, sino interconectados, como parte de un sistema complejo.
Uno de los aspectos más relevantes en el enfoque de Valls es el eje intestino-cerebro, que, según explica, canaliza una relación constante entre los sistemas digestivo y nervioso del cuerpo.

Este eje está estrechamente relacionado con el hecho de que “el estrés crónico, la ansiedad o el miedo a la comida impacten en la digestión, alterando procesos como el tránsito intestinal, la secreción de enzimas o la sensibilidad al dolor”, asegura.

La permanente relación entre intestino y cerebro también permite entender cómo “nuestro cuerpo puede reaccionar ante amenazas reales o imaginarias, generando síntomas incluso antes de ingerir alimentos”, y también posibilita comprender por qué “muchas personas experimentan empeoramiento en momentos de tensión o mejora en contextos de relajación”, según apunta.

Intestino, cerebro y emociones.

Tanto las emociones como la hipervigilancia corporal (supervisión obsesiva de las propias sensaciones físicas) influyen directamente en la salud digestiva y pueden amplificar los síntomas y perpetuar el malestar, de acuerdo con Valls.

En ese sentido, señala que “el perfeccionismo o la necesidad de control son frecuentes en las personas con problemas digestivos, y que lejos de ayudarlas, estos patrones psicológicos aumentan la tensión interna y dificultan la recuperación”.

El bienestar digestivo depende de muchos factores que no actúan de forma aislada, sino interconectados, como parte de un sistema complejo. Foto: Cookie Studio/Magnific.

Valls sostiene que, si bien la alimentación es un factor importante en el malestar digestivo, no existe una dieta universal o una vía única para remediarlo, y señala que parte de la solución a este problema radica en cambiar la relación con nuestro propio cuerpo y con la comida basándonos en la escucha, la flexibilidad y la reducción del miedo.

En vez de centrarse solo en ‘qué comer’, esta experta ofrece una visión más amplia que incluye cómo, cuándo y en qué contexto se come, teniendo en cuenta la importancia de la masticación y el ritmo al comer; la influencia del entorno y del estado emocional; el papel de los alimentos reales frente a los ultraprocesados; y los riesgos de las restricciones excesivas sin acompañamiento.

Siete consejos para mejorar las digestiones alteradas.

“Muchas personas viven con hinchazón, dolor abdominal, gases, diarrea o estreñimiento sin entender realmente qué está pasando en su cuerpo. Aunque cada caso necesita una valoración individual, introducir unos pequeños cambios puede generarles un alivio tangible desde los primeros días”, señala.

Valls describe siete medidas sencillas, basadas en su enfoque, que pueden aplicar quienes sufren un malestar digestivo persistentes sin un diagnóstico claro, para mejorar su situación.

Aprender a recuperar la calma, la flexibilidad y la confianza en materia de alimentación ayuda a conseguir una recuperación digestiva. Foto: Farhad Ibrahimzade/Unsplash.

1.- Come más despacio y mastica mejor.

“Muchas personas comen con prisas, trabajando, discutiendo con alguien o mirando el móvil, desconociendo que la digestión empieza en la boca”, asevera Valls.

“Masticar bien reduce el trabajo del estómago y el resto del sistema digestivo. Comer sentado, sin pantallas y a consciencia (saboreando el alimento, conociendo su textura, su olor) puede disminuir la hinchazón y la pesadez posterior”, apunta.

2. Reduce el estrés antes de alimentarte.

“La tensión nerviosa afecta directamente al intestino, ya que cuando comemos acelerados, el cuerpo está en alerta, el cerebro percibe que debe huir de un peligro y, como consecuencia, la digestión empeora”, según esta experta.

Valls recomienda “respirar profundo durante unos minutos antes de comer o dar un pequeño paseo tranquilo, lo cual puede mejorar síntomas como dolor, gases o digestiones pesadas”.

3. Simplifica temporalmente las comidas.

Muchas personas con malestar digestivo mezclan demasiados alimentos procesados, salsas, azúcares o productos difíciles de digerir en una misma comida, por lo que simplificar los platos durante una temporada, suele ayudar mucho, según Valls.

“Una buena idea es ‘construir’ cada plato eligiendo una fuente de proteína sencilla (pollo, pescado, huevos, legumbres, una fuente de carbohidratos (arroz, patata, quinoa), una pequeña porción de grasa saludable (aguacate, aceite de oliva virgen extra, frutos secos…) y acabar rellenando con verduras”, sugiere.

4. Camina después de haber comido.

“En vez de acostarnos en el sofá después de comer, dar un paseo suave de 10 o 15 minutos puede favorecer el movimiento intestinal, reducir la sensación de hinchazón y ayudar a la digestión”, señala la fundadora de Eclat Wellness.

5. Identifica los alimentos que te irritan temporalmente.

Aprender a recuperar la calma, la flexibilidad y la confianza en materia de alimentación ayuda a conseguir una recuperación digestiva. Foto: Farhad Ibrahimzade/Unsplash.

Según Valls, “no todos los alimentos afectan del mismo modo a todas las personas, pero es muy común que se toleren mal ciertos ultraprocesados, alcoholes, el exceso de fibra cruda, edulcorantes o comidas muy grasas”.

“Observar y escuchar nuestro cuerpo e identificar sus patrones durante unas semanas puede dar mucha información y aliviar síntomas sin necesidad de hacer dietas extremas”, destaca.

6. Duerme mejor y respeta los horarios.

“Dormir poco o acostarse muy tarde altera el sistema nervioso, las hormonas y también el intestino. Durante el descanso, el cuerpo se repara. Por eso, muchas personas notan más inflamación, estreñimiento o sensibilidad digestiva cuando descansan mal”, puntualiza Valls.
Esta experta recomienda “intentar mantener unos horarios regulares, cenar pronto y priorizar el descanso” lo cual “puede producir mejoras sorprendentes”, enfatiza.

7. Dejar de temer la comida constantemente.

“El miedo, la hipervigilancia corporal y la obsesión por `hacerlo todo perfecto´ pueden empeorar mucho los síntomas digestivos, ya que vivir pendiente de cada comida genera tensión en el organismo”, señala Valls, que aconseja “aprender a recuperar la calma, la flexibilidad y la confianza en materia de alimentación para conseguir una recuperación digestiva y emocional”.
Daniel Galilea.
EFE – Reportajes

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